Un día, un león hizo un anuncio en todo el bosque.
“Mañana por la mañana, todos los animales se reunirán en la corte. Hoy se decidirá quién es el animal más peligroso del bosque.”
A la mañana siguiente, el elefante, el lobo, el zorro, el oso, el mono, el venado, el conejo y el chacal se reunieron.
Todos estaban seguros de que el león ganaría.
El león dijo:
“El que se considere el más peligroso, que se presente.”
El lobo se presentó primero.
“Cazo en la oscuridad de la noche.”
El oso dijo:
“Un árbol puede caer con una sola pata.”
El elefante alzó la trompa:
“Con uno de mis pasos, la tierra tiembla.”
Al mismo tiempo, una pequeña ardilla se presentó silenciosamente.
Todos rieron.
“¿Esto también es peligroso?”
La ardilla sonrió y dijo:
“No… pero tengo algo que puede derrotarlos a todos”.
El león preguntó con curiosidad:
“¿Qué es eso?”
La ardilla abrió el puño.
Dentro había una pequeña semilla.
Todos estallaron en carcajadas.
“¿Una semilla?”
La ardilla enterró la semilla en la tierra blanda junto al trono del león.
Pasaron los años…
Esa semilla creció hasta convertirse en un árbol robusto.
Sus raíces se extendieron tanto que el trono de piedra del león comenzó a inclinarse.
Finalmente, un día el trono se rompió.
El león se sorprendió.
La ardilla dijo:
“El poder no siempre hace ruido.
Algunos poderes crecen en silencio… y cuando llega el momento, incluso mueven montañas”.
Ese día, la decisión del bosque cambió.
El más peligroso no era el que tenía los dientes más grandes…
Más bien, era aquel que, a pesar de su pequeño tamaño, comprendía la paciencia, la perseverancia y el poder del tiempo.
