La rosa que llega cada año

La rosa que llega cada año

Cuando Aisha cumplió quince años, recibió una rosa roja en su cumpleaños.

Sin tarjeta, sin nombre.

Solo una frase…

“Feliz cumpleaños, sigue sonriendo”.

Pensó que podría ser una broma de alguna amiga.

Al año siguiente, volvió a llegar la misma rosa.

Y al año siguiente…

Y luego todos los años.

Pasaron diez años.

Cada año, la misma fecha, la misma rosa roja, la misma frase.

Aisha intentó muchas veces averiguar quién la había enviado, pero siempre obtenía la misma respuesta…

“El pedido está reservado con antelación, no puede decir el nombre”.

Finalmente, un año, se armó de valor y le dijo al viejo dueño de la floristería:

“Tiene que decírmelo hoy”.

Tras un largo silencio, el anciano sacó un viejo libro de registro.

Dentro había un recibo.

La fecha…

Diez años.

Debajo había un nombre escrito.

Ahmed.

Las manos de Aisha temblaban.

Ahmed…

El mismo Ahmed que había sido su amigo de la infancia.

El mismo Ahmed que había fallecido en un accidente diez años atrás.

El anciano dijo en voz baja:

“Vino a verme unos días antes de morir.”

“Pagó el precio de veinte rosas de una sola vez.”

“Y dijo…”

“Si no vivo, debes entregarle una rosa cada año en su cumpleaños. Que nunca sepa que no hay nadie en el mundo que lo recuerde.”

Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Aisha.

El anciano cerró el registro y le extendió un pequeño sobre.

“También me dijo que se lo diera con la última rosa.”

Aisha abrió el sobre con manos temblorosas.

Solo había una línea escrita.

“Si has recibido una rosa incluso hoy, entonces entiende… El amor no se entierra con el cuerpo, vive en las promesas.” Ese día, Ayesha, por primera vez, vio en una rosa algo más que una flor…

sino el compromiso final de alguien, y la abrazó contra su pecho.

Lección: El verdadero amor no se trata de estar juntos para siempre; a veces trasciende el tiempo, cumpliendo su promesa.

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