Intitulado

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En una gran colonia de hormigas vivía una hormiga siempre dispuesta a ayudar. Si alguien no podía levantar un grano pesado, ella lo hacía. Si un camino estaba roto, ella lo arreglaba. Si alguien estaba triste, ella lo consolaba. Y si el trabajo de alguien quedaba sin terminar, ella lo completaba discretamente.

Con el tiempo, la gente empezó a considerar su bondad no como una virtud, sino como un derecho. Todos estaban convencidos de que ella ayudaría en cualquier situación.

Gradualmente, su fuerza comenzó a disminuir. Sus pasos se volvieron lentos, su cuerpo empezó a cansarse, pero cuando alguien le pedía ayuda, ella simplemente decía:

“Sí, lo haré”.

Entonces, un día, las continuas pequeñas cargas la quebraron por completo. Cayó.

Y lo sorprendente fue que, al principio, nadie la echó de menos.

Pero después de unos días, el sistema de la colonia comenzó a desmoronarse. No había nadie que cargara, los caminos rotos seguían igual y no quedaba nadie para consolar a los afligidos.

Entonces todos se dieron cuenta de que no era solo una hormiga, sino el apoyo silencioso de toda la aldea.

Cuando la encontraron, una hormiga anciana dijo:

“Se fue el mismo día que se dio cuenta de que para ustedes no era un ser vivo, sino solo una solución conveniente”.

Todos preguntaron:

“¿Por qué no nos lo dijo?”

La hormiga anciana respondió:

“Cuando vieron que apenas podía caminar, ¿por qué ninguno de ustedes preguntó cómo estaba?”

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