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El día en que todos los animales del bosque olvidaron hablar

Una mañana, todo el bosque quedó sumido en un extraño silencio.

El león quería rugir… pero no emitía ningún sonido.

El loro quería imitarlo… pero su pico permanecía en silencio, incluso con el pico abierto.

El mono reía, pero su risa también era silenciosa.

Solo un animal podía hablar…

Un lobo.

Todos los animales corrieron hacia él.

«¡Ayúdanos!»

El lobo escaló la roca más alta del bosque por primera vez y dijo:

«Hoy les diré la verdad que no han querido oír durante años».

Miró al león.

«Estás acostumbrado a que te alaben… no a que te alaben por tu fuerza».

Luego miró al elefante.

«Puede que seas grande, pero muchas veces ignoras a los pequeños solo porque son débiles».

Mirando al zorro, dijo:

«Usaste tu inteligencia no para ayudar a los demás, sino para engañarlos».

Luego guardó silencio.

Todos los animales lo miraron con enojo, pero nadie pudo responder.

Porque… no podían hablar.

De repente, un pequeño gorrión llegó volando.

Dejó caer una semilla seca de su pico al suelo.

En unos instantes, una pequeña planta creció allí.

En ese momento, todos volvieron a hablar.

Los animales estaban asombrados.

El viejo búho sonrió y dijo:

«No fue magia».

«La naturaleza solo quería ver quién de ustedes, al tener el poder de hablar, dice la verdad… y quién solo hace ruido».

El lobo abandonó el bosque en silencio.

Ni siquiera miró hacia atrás.

Porque sabía…

Quien dice la verdad a menudo no recibe aplausos, sino soledad.

Pero con el paso del tiempo, esta verdad transformó todo el bosque. A partir de ese día, los animales adoptaron un nuevo hábito.

Piensa antes de hablar…

Y no juzgues antes de escuchar.

Lección:

El poder de las palabras no reside en el sonido, sino en la verdad. El lenguaje que se usa para mejorar uno mismo, en lugar de para menospreciar a los demás, puede cambiar el mundo.

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