Un gato vivía en un bosque alejado del poblado, cerca del cual también vivía un zorro. Se encontraban a menudo en sus caminos y charlaban durante horas. El zorro estaba muy orgulloso de su astucia y solía contarle al gato historias sobre sus habilidades, la mayoría inventadas. Un día, bajo un sol radiante, se encontraron bajo un árbol frondoso.
Los dos siguieron hablando durante un buen rato.
El zorro dijo: «Oh, gato, si el mundo sufre cien calamidades o alguien me ataca, no me importa. Tengo miles de trucos y consejos. Escaparé de todos esos problemas, pero Dios no lo quiera, ¿qué harás tú si te enfrentas a algún desastre?». El gato respondió: «Oh, querido, solo recuerdo un truco. Si caigo en él, no podré salvar mi vida y moriré». Al oír esto, el zorro sintió mucha lástima por la gata y le dijo: «Siento mucho tu situación. Me gustaría darte tres o cuatro consejos, pero, hermana, han llegado estos tiempos, no se puede confiar en nadie». Justo en ese momento, mientras hablaban, oyeron los ladridos de los perros de caza, que estaban muy cerca. Al oírlos, ambos se asustaron. La gata, consciente del peligro, recurrió a su vieja táctica y trepó rápidamente a un árbol, donde se escondió entre las ramas. Para entonces, los perros estaban tan cerca que la gata no pudo seguirles el juego. En poco tiempo, los perros la atraparon y la despedazaron.
