En un bosque, un caballo y un ciervo vivían como amigos. Un día, se pelearon por algo. El ciervo era muy ágil, y la pelea se intensificó. El caballo resultó más herido. Los dos comenzaron a vivir separados, como extraños.
Un día, el caballo vio a un cazador en el bosque y pensó en vengarse del ciervo.
Se acercó al cazador y le preguntó: “¿Has venido a cazar un ciervo?”.
Cazador: “¡Sí!”.
El caballo dijo: “Puedo decirte dónde está un ciervo”.
El cazador estaba muy contento; dos víctimas con una sola flecha. Le dijo al caballo: “¿Qué te parece si me ayudas? ¿Me subo a tu lomo?”. El caballo aceptó de inmediato.
El cazador entonces dijo: “Si no te importa, ¿te pongo una brida?”.
El caballo preguntó: “¿Qué pasará con ella?”.
El cazador dijo: “En cuanto vea al ciervo, te daré la vuelta a las riendas”. Finalmente, el cazador detuvo al caballo y tiró con fuerza. Al llegar a la guarida del ciervo, el caballo corrió tras él. Tras recorrer cierta distancia, el ciervo se puso inquieto. El cazador le disparó. La venganza del caballo se había consumado, pero desde entonces vive atado a las mismas riendas.
