Un rey construyó una habitación peculiar en su palacio. Lo especial de esta habitación era que sus cuatro paredes, pilares y techo estaban decorados con miles de espejos, tanto pequeños como grandes. Dondequiera que mirara, podía ver su propio reflejo.
Un día, un perro entró accidentalmente en la habitación. Al mirar a su alrededor, vio cientos de perros por todas partes. El perro se asustó y se enfureció. En cada espejo, veía los rostros furiosos de otros perros ladrando. Su corazón latía con fuerza, el miedo aumentaba y comprendió que los enemigos estaban por todas partes. Finalmente, ladrando y temeroso sin cesar, cayó al suelo y murió.
Poco después, un niño inocente entró en la misma habitación. Él también vio cientos de niños por todas partes, pero en su corazón no había miedo, sino alegría y curiosidad. Sonrió y vio cientos de rostros sonrientes en cada espejo. Reía, jugaba y aplaudía, y en cada espejo también veía niños riendo y jugando de la misma manera. Salió feliz.
Lección: El mundo es como esta habitación. Nos devuelve lo que le damos.
Si en tu corazón hay odio, ira y celos, verás lo mismo en todas partes y la gente te tratará igual.
Si en tu corazón hay amor, ternura, compasión y alegría, el mundo se volverá hermoso para ti, la gente te amará y la vida estará llena de felicidad.
¡Recuerda!
Lo que das a los demás, lo recibes de vuelta.
