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El joven león que desobedeció a los ancianos
Hace mucho tiempo, cuando la hierba crecía larga y dorada en las praderas bajo el sol abrasador, vivía un joven león llamado Kiron. El pelo de su cuello apenas comenzaba a crecer y su pecho era orgulloso y ancho.
Kiron era poderoso, más poderoso que muchos otros leones de su edad, y lo sabía.
Todas las tardes, los leones viejos se reunían bajo la ancha acacia y hablaban de las viejas costumbres: cuándo cazar, cuándo descansar y qué senderos eran peligrosos. Todos los leones jóvenes escuchaban atentamente.
Pero Kiron no escuchaba.
Movía la cola y decía: “¿Por qué debería escuchar estas viejas historias? Tengo las piernas rápidas, mis dientes afilados. Haré mi propio camino”.
Los viejos leones se miraron en silencio, pero no dijeron nada. Una vez, durante una sequía, cuando la presa escaseaba, el león más viejo advirtió a la tribu:
“No cacen cerca del barranco rocoso. El suelo engaña a los incautos”.
Los leones jóvenes asintieron.
Pero Kieron solo sonrió.
Esa noche, ansioso por demostrar su valía, se escabulló hacia el barranco prohibido. La luna era tenue y el viento susurraba entre las rocas. Pronto vio un ciervo solitario al borde del acantilado.
“Esta es mi oportunidad de demostrar mi fuerza”, pensó.
Kieron se agachó… esperó… y luego se lanzó hacia adelante con todas sus fuerzas.
Pero los ancianos tenían razón.
El suelo cerca del barranco era blando y vulnerable debido a la grava oculta. El poderoso salto de Kieron lo delató. Sus patas resbalaron y su cuerpo rodó hacia abajo. Se estrelló contra las rocas de abajo.
El ciervo desapareció en la oscuridad de la noche.
Herido y cojeando, Quirón regresó a su tribu por la mañana. Los leones ancianos ya estaban despiertos. No dijeron nada, solo le dieron un lugar donde recostarse.
Finalmente, el león más viejo dijo en voz baja:
“El poder puede allanar el camino… pero la sabiduría te mantiene en el sendero”.
Quirón inclinó la cabeza. Desde ese día, siempre que los ancianos hablaban, él escuchaba primero y saltaba después.
Lección moral:
El orgullo que rechaza la guía a menudo conduce directamente a los problemas. La experiencia es un mapa hecho de heridas, y quienes la ignoran tienen que aprender a las malas.

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