La extraña orden del rey y la gran respuesta del ministro…

La extraña orden del rey y la gran respuesta del ministro…

Hace mucho tiempo, existió un reino donde la gente vivía feliz y contenta. Su rey era justo y amoroso con sus súbditos. A menudo se preguntaba qué más podría hacer por su pueblo para mejorar sus vidas.
Un día, el rey decidió explorar personalmente las zonas remotas de su reino. Prefirió viajar a pie en lugar de en un caballo real y en procesión para poder observar de cerca las condiciones de la gente.
El viaje duró varias semanas. El rey vio hermosos valles, visitó sitios históricos y conoció a gente de diferentes aldeas. Los súbditos estaban muy contentos de tener a su rey entre ellos.
Pero este largo viaje también tuvo un desenlace desagradable.
A su regreso, el rey tenía los pies gravemente lastimados. Le dolían intensamente por caminar por los caminos rocosos y accidentados. El dolor lo inquietaba.
Llamó a sus ministros a la corte y les dijo airadamente:
«Los caminos de nuestro reino están en muy mal estado. Si yo he sufrido tanto, ¿cuál será la condición del pueblo? Ordeno

que se cubran todos los caminos del país con cuero suave para que nadie sufra».

Los ministros se miraron entre sí. Sabían que esta tarea era casi imposible. Requeriría las pieles de innumerables animales y habría consumido gran parte del tesoro.

Hubo un largo silencio, hasta que un ministro anciano y sabio se adelantó cortésmente.

«Majestad, si me lo permite, ¿puedo hacerle una petición?».

El rey dijo: «Habla, ¿qué quieres decir?».

El ministro respondió con gran respeto:

«¡Dónde está el refugio! En lugar de hacer que el mundo entero sea más cómodo, ¿por qué no proteges tus pies? Si se moldea un pequeño trozo de cuero a la medida de tus pies y te lo pones, no solo podrás caminar cómodamente, sino que también se salvará el tesoro».

Un silencio se apoderó de la corte.

El rey reflexionó unos instantes y luego una sonrisa iluminó su rostro.

«¡En efecto, iba a cambiar el mundo entero, y el único problema eran mis pies!».

Inmediatamente mandó hacer zapatos de cuero para sí mismo. Pronto comenzó a caminar con comodidad. Luego animó a sus súbditos a usar zapatos para que ellos también se sintieran cómodos al viajar.

Ese día, el rey aprendió una lección que le serviría para el resto de su vida.

En la vida, a menudo deseamos que el mundo cambie según nuestros deseos, pero la verdadera sabiduría consiste en mejorarnos a nosotros mismos. Cuando cambiamos nuestros pensamientos, actitudes y maneras, muchas dificultades se vuelven automáticamente más fáciles.

Aprende a cambiar tú mismo antes de intentar cambiar el mundo.

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