En un bosque denso y frondoso, donde los árboles altos parecían susurrar al cielo y los pájaros, posados en las ramas, cantaban al amanecer y al atardecer, había un mono muy famoso por su agilidad y velocidad.
Saltaba de rama en rama como una cometa que danza en el aire.
Estaba muy orgulloso de su velocidad.
Siempre que se mencionaba una carrera, un salto o una acrobacia en el bosque, el mono inmediatamente movía la cola y decía:
“¿Mi competencia? ¡Todavía no ha nacido!”.
También había una tortuga en el mismo bosque.
Caminaba despacio, hablaba poco, pero cuando lo hacía, a menudo hacía reflexionar a los demás.
Un día, los animales del bosque estaban reunidos a la orilla de un estanque cuando la tortuga avanzó con su característico paso lento y se detuvo frente al mono.
“¡Señor Mono!”
El mono preguntó con una sonrisa:
“¡Dígame, Señor de la Velocidad!”
La tortuga dijo:
“Te reto a una carrera”.
Al oír esto, el mono se quedó callado al principio, luego se echó a reír tanto que casi se cae de la rama.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Y competir conmigo?
—¡Claro que sí!
El mono se secó las lágrimas y dijo:
—¡Es como un pozo compitiendo con un río para nadar!
Los animales también se echaron a reír.
Pero la tortuga permaneció impasible.
Extraña condición.
El mono dijo en broma:
—De acuerdo, acepto la competencia. Dime, ¿dónde será la carrera?
La tortuga dijo:
—En este gran baniano.
El mono se quedó atónito.
—¿En el árbol?
—Sí.
—¡Pero no puedes trepar al árbol!
La tortuga respondió muy seriamente:
—Eso es problema mío, tú solo acepta la condición.
El mono se rió.
—¡Acepto! Hoy el bosque tendrá un buen espectáculo.
Así que se fijó la fecha de la competencia.
Comienza la carrera
A la mañana siguiente, los animales del bosque se reunieron alrededor del árbol.
La emoción reinaba por doquier.
Los conejos hacían apuestas, los loros comentaban y las ardillas se sentaban en las ramas, ocupando los mejores lugares.
El mono se yergue triunfante bajo el árbol.
Por otro lado, la tortuga llegó a su ritmo y se detuvo tranquilamente cerca de una piedra.
El zorro anunció:
“¡Comienza la carrera!”
El mono trepó al árbol como un rayo.
Saltaba de rama en rama como si fuera un juego de niños.
En unos instantes, alcanzó la mitad de la altura.
En ese mismo momento, la voz de la tortuga resonó desde abajo:
“¡Lo logré!”
El mono miró hacia abajo sorprendido.
La tortuga estaba allí mismo, en el suelo.
El mono rió.
“¡Solo he llegado a la mitad y tú estás ahí parado!”
La tortuga permaneció en silencio.
Misterio en la cima
Unos instantes después, el mono alcanzó la rama más alta del árbol.
Levantó las manos con alegría.
«¡Gané!»
Pero en ese momento, una voz resonó desde abajo:
«¡Yo también llegué!»
El mono bajó la mirada con enfado.
La tortuga seguía en el suelo.
«¡Oh, tonto! ¡Ni siquiera te has movido de tu sitio!»
La tortuga levantó la cabeza y respondió con gran satisfacción:
«¿Cuándo dije que iba a trepar?»
«¿Y qué?»
«La condición era que tenía que llegar a la cima.»
«¡Sí!»
«Y mi voz llegó a la cima.»
El mono lo miró sorprendido durante unos instantes.
Los animales también se miraron fijamente.
La tortuga dijo:
«Tú llegaste a la cima con tu cuerpo, yo con mi voz. En la condición no se mencionaba trepar.»
Los murmullos comenzaron a circular por el bosque.
Algunos animales reían, otros se rascaban la cabeza.
Decisión
El mono se puso rojo de ira.
«¡Esto es trampa!»
La tortuga sonrió.
«¿Trampa?»
«¡Sí!»
«No, amigo mío, se trata de entender las palabras.»
Luego dijo en voz baja:
«Quien acepta la apuesta sin leerla suele perder, a pesar de su velocidad.»
Al oír esto, el viejo búho, considerado el juez no oficial del bosque, dijo:
«Las palabras de la tortuga tienen peso.»
«La competencia no era por la velocidad, sino por el significado de la apuesta.»
Los animales asintieron.
El mono guardó silencio.
Sin duda había llegado a la cima del árbol, pero la tortuga lo había superado con creces en el debate.
Lección
No basta con ser rápido, también es necesario ser sabio.
A veces, la gente gana la carrera pero pierde la apuesta porque ha oído menos y ha entendido aún menos.
Y como dice el sabio búho del bosque:
«El sabio cambia de rumbo, mientras que el arrogante solo aumenta la velocidad».
Muchas carreras en la vida se ganan no con las piernas, sino con las palabras y la comprensión. Y a veces, una tortuga lenta hace pensar a un mono veloz.
