Intitulado

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En el centro de la ciudad, había una vieja piedra. No formaba parte de ningún edificio ni monumento. Era simplemente una piedra común.

Lo extraño era que cualquiera que pasara junto a ella escribía una palabra sin permiso.

Alguien escribió: «Engañador»

Otro: «Desleal»

Otro: «Pobre»

Otro: «Fracaso»

Pasaron los años. Cientos de palabras se acumularon en la piedra, pero nadie sabía a quién iban dirigidas.

Un día, un viejo viajero llegó a la ciudad. Observó la piedra durante un buen rato, luego sacó un paño y comenzó a limpiarla del polvo.

La gente empezó a reír.

«¡Abuelo! ¿Qué haces?»

El anciano sonrió.

«No estoy limpiando la piedra… estoy mirando vuestras caras».

La gente se sorprendió.

El anciano dijo:

«Esta piedra nunca ha dicho nada sobre nadie. Cada visitante escribió solo lo que sentía en su corazón».

La multitud guardó silencio.

Mientras tanto, un niño pequeño se adelantó. Sacó una tiza del bolsillo y escribió una sola palabra en la parte vacía de la piedra:

«Esperanza».

Los ojos del anciano se humedecieron.

Dijo:

«¿Lo ves? La piedra sigue igual hoy… Lo único que cambia está dentro de la persona».

A partir de ese día, la gente empezó a leer sus propios sentimientos antes de escribir sobre los demás.

Lección:
No vemos el mundo como es, sino como somos nosotros mismos. Lo que hay en el corazón, se refleja en el mundo con nuestros ojos.

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