Un pájaro, un ratón y una abeja vivían juntos. Los tres eran muy amigos. El pájaro traía leña del bosque, la abeja buscaba agua y el ratón cocinaba. Los tres hacían su trabajo con mucha honestidad. Un día, el pájaro salió a buscar leña y se encontró con un zorro. Lo saludó y le preguntó cómo estaba. El pájaro le dijo: «He venido a buscar leña. He estado recogiendo leña todo el día y volveré a casa por la tarde.
La abeja usa el agua y mi amigo el ratón cocinará».
Al oír esto, el zorro dijo: «¡Maldita sea tu inteligencia! ¿Por qué vosotros, pájaros tan hermosos, sufrís todo el día por los demás? Mirad, ellos dos se quedan en casa felices y vosotros andáis por ahí haciendo esto. Ni siquiera saben turnarse para trabajar».
(Continuación)
Un día el ratón trajo leña.
Al día siguiente la abeja y al tercer día tú.
Dicho esto, el zorro se marchó. Pero, por casualidad, las semillas de la discordia se sembraron en la casa que se había construido. El necio pájaro se volvió tan malvado que, al anochecer, trajo leña, la tiró a un lado y se quedó en un rincón con la boca abierta. El ratón y la mosca cocinaron. Cuando la mesa estuvo puesta, invitaron al pájaro a comer. El pájaro dijo: «No… no como.
No tengo por qué hacer este trabajo diario. Mi vida no es en vano; yo solo hago todo el trabajo de fuera mientras ustedes dos se quedan sentados tranquilamente».
Tras la gran pelea, se decidió que, a partir del día siguiente, el ratón traería leña, la abeja cocinaría y el gorrión llenaría el agua. Al amanecer, la abeja se quedó en casa cocinando, el gorrión fue a llenar el agua y la rata fue a buscar leña. Pero la rata no había dado ni diez pasos cuando un gato la atrapó. Cuando el gorrión fue a llenar el agua, resbaló y cayó al pozo. Entonces la abeja puso la leña restante en la estufa y encendió el fuego, cuando una chispa saltó y cayó sobre ella y también se quemó, y así, por su propio accidente, la casa que habían construido quedó destruida.
