Shamaila y el lobo astuto

Shamaila y el lobo astuto


Hace mucho tiempo, en un país lejano, vivía una niña llamada Shamaila con su madre. Su casa estaba en una pequeña aldea, muy cerca del bosque. Todos en el pueblo la llamaban Shamaila de la gorra roja, porque siempre llevaba puesta una gorra de color rojo.
Una mañana, al despertar, su madre le dijo:
—Hija, tu abuela está un poco enferma. Hoy no puedo ir a visitarla porque tengo un asunto importante que atender. Ve tú a verla y llévale esta cesta con frutas que he preparado para ella.
Cuando Shamaila estaba a punto de salir, su madre la llamó y le advirtió:
—Recuerda, hija: no hables con ningún desconocido y ve directamente a casa de tu abuela.
—Sí, mamá —respondió Shamaila.
La casa de su abuela estaba al otro lado del bosque, casi en el extremo más alejado.
Mientras Shamaila caminaba alegremente por el bosque, un lobo le salió al paso y le preguntó:
—Hola, pequeña. ¿Adónde vas tan temprano? ¿Qué llevas en esa cesta?
Shamaila respondió:
—Mi abuela está enferma. Voy a cuidarla y a llevarle estas frutas. Apártate de mi camino. Mi mamá me dijo que no hablara con desconocidos.
El lobo sonrió y dijo:
—Está bien, puedes seguir. Pero creo que tu abuela se pondría muy feliz si además le llevaras un hermoso ramo de flores silvestres.
La idea le pareció buena a Shamaila y comenzó a recoger flores.
Mientras tanto, el astuto lobo corrió rápidamente hasta la casa de la abuela. Llamó suavemente a la puerta.
—¿Quién es? —preguntó la abuela desde dentro.
Imitando la voz de la niña, el lobo respondió:
—Soy yo, abuela… Shamaila de la gorra roja.
La abuela contestó:
—La puerta está abierta, hija. Entra.
El lobo abrió la puerta y, de un salto, llegó hasta la cama de la abuela y se la tragó de un solo bocado.
Después se puso la ropa de la abuela, se cubrió con la manta y se acostó en la cama.
Poco después llegó Shamaila. Llamó a la puerta y el lobo, imitando otra vez la voz de la abuela, preguntó:
—¿Quién es?
—Soy yo, abuela… Shamaila de la gorra roja.
—Entra, hija. La puerta no tiene seguro.
Shamaila entró contenta y dijo:
—Mamá me envía para saber cómo te encuentras y te manda estas frutas.
Al mirar a la supuesta abuela, se sorprendió y preguntó:
—Abuela, ¿por qué tienes las orejas tan grandes?
El lobo respondió:
—Para oírte mejor, querida. Acércate un poco más.
Shamaila dio unos pasos y volvió a preguntar:
—¿Y por qué tienes los ojos tan grandes?
—Para verte mejor. Ven más cerca.
Cuando estuvo junto a la cama, dijo:
—¡Abuela! ¡Qué dientes tan grandes tienes!
Entonces el lobo habló con su verdadera voz:
—¡Para comerte mejor!
Y de un salto salió de la cama y se tragó también a Shamaila.
Después de comerse a la niña y a la abuela, el lobo se quedó dormido en la cabaña.
Poco más tarde, un leñador que iba al bosque a cortar leña recordó que la anciana llevaba varios días enferma. Pensó que sería buena idea visitarla antes de empezar a trabajar.
Al llegar a la casa, vio a un enorme y feroz lobo durmiendo en la cama de la abuela. Como ella no estaba por ninguna parte y el lobo tenía el vientre muy hinchado, comprendió lo que había sucedido.
Sacó rápidamente su hacha y, de un solo golpe, abrió el vientre del lobo. De inmediato salieron la abuela y Shamaila, sanas y salvas.
El leñador se alegró muchísimo al ver que ambas estaban vivas.
La abuela y Shamaila le dieron las gracias de todo corazón, y la niña regresó feliz a su casa.
Desde aquel día, Shamaila nunca volvió a hablar con ningún desconocido.

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