Búfalo y burro

Búfalo y burro

Había un granjero que tenía una búfala y un burro en su casa. La búfala acompañaba al granjero al bosque a pastar todas las tardes y regresaba al anochecer. El burro se quedaba en casa, pero él y la búfala tenían una profunda amistad.

Cuando la búfala regresaba, le contaba al burro sobre la hierba verde del bosque, la brisa fresca y las orillas del río lejano. Le decía que el suelo era tan suave como una alfombra y que la vegetación era tan densa que deslumbraba sus ojos. Después de escuchar las historias de la búfala, un extraño anhelo surgió en el corazón del burro. A menudo pensaba que él también podría ver con sus propios ojos aquella escena paradisíaca.

Un día, el granjero salió de casa. Aprovechando la oportunidad, la búfala le dijo al burro:
“Ven hoy, te mostraré el lugar del que siempre te hablo”.

El burro se preparó feliz. Ambos salieron de casa y se dirigieron al bosque. En el camino, el búfalo le iba contando cosas sobre cada lugar, y el burro escuchaba con asombro.

Mientras caminaban, llegaron a la orilla del río. La vegetación se extendía hasta donde alcanzaba la vista, el agua brillaba y el aire tenía una frescura singular.

El búfalo no se detuvo.

Saltó al río sin pensarlo.

El burro también lo vio y saltó al río tras él.

Pero el burro no sabía nadar.

Se debatía y luchaba en el agua, pero la profundidad y la corriente del río lo vencieron. En poco tiempo, se cansó, se ahogó y perdió la vida.

Moraleja:

Dicen que algunos sueños son hermosos, pero no todos se hacen realidad. Y no todos los caminos que otros recorren son necesariamente seguros.

Esta historia enseña que no debemos confiar ciegamente solo en las palabras y experiencias de los demás, sino que debemos actuar con cautela.

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