Castigo por desobediencia –

Castigo por desobediencia –

Era un ratón muy travieso que vivía con sus padres. En esa casa también vivía una gata con sus crías. La gata no le decía nada a nadie, pero si alguien intentaba molestar a sus crías, no lo toleraba. Los padres del ratón le habían advertido severamente que no hiciera travesuras a la gata ni a sus crías, pero él hizo caso omiso, y entonces se le ocurrió una travesura.

Cuando la gata dormía con sus crías por la noche, se levantó sigilosamente, se acercó a ella, la mordió con fuerza con sus afilados dientes y salió corriendo. Los ojos de la gata se abrieron de repente, pero el ratón siguió corriendo.

A partir de entonces, molestar a la gata se convirtió en la rutina diaria del ratón.

La gata, indefensa, corría para atraparlo, pero el ratón siempre escapaba por algún rincón o agujero de la casa.
Cuando el ratón vio que la gata no podía hacer nada, empezó a molestar a los gatitos. Un día, mientras los gatitos comían, les robó la comida rápidamente y salió corriendo. Cuando la gata lo vio, corrió tras él, pero el ratón escapó como siempre. El gato decidió darle una lección al ratón.

El gato sabía por dónde solía ir y venir el ratón.

Colocó una trampa y puso pequeños trozos de comida sobre ella. Cuando el ratón volvió a ir por allí con malas intenciones, su nariz inmediatamente olió la comida y se dirigió hacia ella sin ayuda. En cuanto subió a la trampa para comer, quedó atrapado. Intentó liberarse, pero fue en vano. Recordó entonces el consejo de sus padres sobre por qué le habían prohibido molestar al gato y a sus crías. Empezó a comprender profundamente su error, pero al instante murió agonizando.

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