En una aldea, llegó un hombre que se hacía llamar un gran santo y un hacedor de milagros. Afirmaba conocer los secretos y la solución a todos los problemas.
Los ingenuos aldeanos comenzaron a creerle y a ofrecerle regalos y ofrendas.
En la aldea vivía una mujer sabia llamada María. Sospechaba que este hombre engañaba a la gente, pero no quería acusar a nadie sin pruebas.
Un día, tomó una vasija sellada y se acercó al santo, diciéndole:
«Si de verdad lo sabes todo, dime, ¿qué hay dentro de esta vasija?».
El santo se preocupó, pero para salvar su reputación, respondió de inmediato:
«¡Hay una pulsera de oro!».
María sonrió y abrió la vasija.
Dentro solo había unas piedrecitas.
La multitud guardó silencio.
Entonces María dijo:
«¿Cómo puede alguien que no sabe lo que hay dentro de una vasija sellada conocer el destino y el futuro de la gente?».
Al oír esto, los aldeanos se dieron cuenta de su error y el falso Peer se marchó avergonzado.
El intelecto y la conciencia son las mayores fortalezas del ser humano. No todas las afirmaciones son ciertas, por lo que conviene comprobarlas antes de creerlas.
