El cuenco vacío del mendigo ciego

El cuenco vacío del mendigo ciego

Una historia interesante y conmovedora

Un joven regresaba a casa del trabajo en una ciudad. Había tráfico y ruido en la calle; todos estaban absortos en sus propios asuntos.

En ese momento, su mirada se posó en un anciano mendigo ciego sentado en la acera. Frente a él había un cuenco vacío y un cartel de cartón con la inscripción:

“Soy ciego, por favor, ayúdenme”.

La gente iba y venía, algunos con prisa, otros despreocupados… pero el cuenco permanecía casi vacío.

El joven se quedó observando la escena un rato. Se dio cuenta de que probablemente las palabras no conmovían los corazones de la gente.

Se acercó, recogió el cartel de cartón en silencio, sacó un rotulador del bolsillo y empezó a escribir algo. Luego volvió a colocar el cartel y se marchó.

El anciano sintió algo, pero no preguntó nada.

Al cabo de un rato, la escena cambió. La gente se detuvo y empezó a echar dinero en el cuenco. En unas horas, el cuenco estaba lleno.

El anciano, sorprendido, le preguntó a un hombre: «Hijo, ¿qué pone en esta pizarra?».

Él respondió: «Dice: “Hoy es un día hermoso, pero no puedo verlo…”».

El anciano guardó silencio. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

El verdadero poder no reside en el dinero ni en las circunstancias, sino en las palabras que llegan al corazón. Las palabras dichas con compasión y consideración pueden cambiar la vida de alguien por completo.

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