Un león se debilitó debido a la vejez y no pudo caminar. Cuando tuvo hambre, consultó a un zorro. Él dijo: “No te preocupes, yo me ocuparé de ello. Diciendo esto, el zorro hizo saber por todo el bosque que el león estaba muy enfermo y que no había esperanza de sobrevivir. Tan pronto como escuchó esta noticia, los animales del bosque comenzaron a venir a visitarlo. El león solía tumbarse en la cueva y saciar su hambre cazando a los animales que venían a visitarlo.
Un día, el zorro vino a preguntar por el estado del león y se paró al borde de la cueva. Por cierto, ese día ningún animal había venido, por lo que el león tenía hambre. Le dijo al zorro: “¿Por qué estás afuera? Entra y cuéntame sobre el bosque”. El zorro respondió hábilmente: “No, no puedo entrar. Veo las marcas de las garras que vienen del exterior, pero no hay vuelta atrás”.
La conclusión es que los sabios piensan antes de actuar y los tontos actúan después de actuar.
