Un rey orgulloso oyó que en el bosque de su reino vivía un derviche muy rico, a quien acudían personas importantes.
El rey, acompañado de sus soldados, fue a su encuentro. Al llegar a la cabaña del derviche, se vistió con sus ropas de siempre y entró solo. El derviche estaba sentado tranquilamente en su cabaña.
El rey se acercó y le dijo: «Soy el rey de este país; dame un consejo que cambie mi vida».
El consejo del derviche: El derviche miró al rey y le dijo: «¡Majestad! Imagina que te encuentras atrapado en un desierto sin agua durante mucho tiempo y te mueres de sed, ¿qué estarías dispuesto a dar a cambio de un vaso de agua?». Respuesta del rey: El rey dijo: «Daré la mitad de mi reino». Segunda pregunta: El derviche preguntó entonces: «Si esa agua se te congela después de beberla y sufres un dolor intenso, ¿qué darás para curarte?». El rey respondió: «Daré también la otra mitad de mi reino». Sabiduría: El derviche sonrió y dijo: «Entonces, no te enorgullezcas jamás de este reino, que no vale más que un vaso de agua y una sola micción». Todo el orgullo del rey se desvaneció y regresó transformado.
