Intitulado

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En un hermoso valle, a orillas de un río caudaloso, se alzaba un álamo enorme, frondoso y magnífico. Sus altas ramas se elevaban hacia el cielo, y su sombra se extendía a lo lejos. Las aves del bosque anidaban en él, los viajeros se sentaban a descansar bajo su sombra, y todo aquel que llegaba quedaba cautivado por su belleza.

Con el tiempo, el orgullo creció en el corazón del álamo. Comenzó a considerarse el rey de todo el bosque.

Bajo este álamo, crecía un esbelto bambú. No era muy alto ni robusto, sino siempre silencioso y delicado.

Cuando soplaba un viento fuerte, el bambú se doblaba. A veces a la derecha, a veces a la izquierda… como si quisiera complacer al viento.

Al ver esto, el álamo reía a carcajadas y decía con sarcasmo:

«¡Oh, bambú! ¡Qué débil eres! Si sopla una brisa suave, te doblas al instante. ¡Mírame! Soy fuerte como una montaña. ¡Ni las grandes tormentas pueden conmigo!»

El bambú respondía con suavidad:

“Hermano Chinar… No soy débil, soy sabio. A veces, inclinarse evita que uno se rompa”.

El Chinar se reía aún más ante esto y, con arrogancia, se elevaba aún más hacia el cielo.

Una noche, nubes negras cubrieron todo el valle. Comenzaron a oírse truenos y relámpagos terribles. El viento empezó a aullar y a golpear los árboles. El río se desbordó y, en un instante, llegó la tormenta más peligrosa de la historia.

Los pájaros entraron en pánico en sus nidos, los animales se escondieron en sus madrigueras y el miedo se extendió por todas partes.

Los fuertes vientos sacudían el bambú, pero este se inclinaba silenciosamente hacia el suelo. Cedía ante el viento, como si dijera:

“Vete… No quiero luchar contra ti”.

Pero, por otro lado, el Chinar se mantenía firme en su terquedad y orgullo.

“¡Jamás me doblegaré!”, exclamó con orgullo.

La tormenta se intensificó. El viento seguía azotando el álamo con furia. Sus gruesas ramas comenzaron a crujir, sus raíces a temblar, pero seguía inmóvil.

De repente, se oyó un fuerte crujido…

Y al instante siguiente, el orgulloso álamo fue arrancado de raíz y cayó al suelo.

Todo el bosque quedó en silencio.

Amaneció, el viento amainó y los pájaros volvieron a cantar. El bambú se irguió lentamente, como si nada hubiera pasado.

Pero aquel gran álamo… que hasta ayer se había jactado de su fuerza… hoy yacía sin vida en el suelo.

El bambú miró al cielo en silencio y murmuró:

«Quien aprende a doblegarse, sobrevive a todas las tormentas de la vida».



💡 Lección moral

✨ La humildad fortalece, mientras que el orgullo debilita.

✨ No se debe caminar siempre con arrogancia, sino con sabiduría y gentileza.

✨ Quien se adapta a los tiempos, es quien triunfa al final.

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