Era un agradable día de verano. Soplaba una brisa fresca. Había nubes ligeras en el cielo. Un cuervo se posó en una piedra junto al estanque y comenzó a disfrutar de la brisa. Cuando el cisne rey del estanque vio al cuervo, se acercó a él. Tras saludarlo, le preguntó: “¿Te ves perdido hoy?”.
El cuervo respondió con tristeza: “Tengo la piel muy oscura y mi voz es muy mala. Todos me odian”.
El cisne rey le explicó al cuervo que el carácter es más importante que la apariencia. El cisne rey decidió explicárselo de forma sencilla. Comenzó a contarle una historia.
Un loro llegó de algún lugar del bosque. Los pájaros del bosque nunca habían visto un loro.
El loro era muy hermoso y su voz también era muy melodiosa. Todos los pájaros solían sentarse con el loro y se sentían felices. Como resultado, el loro se volvió arrogante. Llamaba a todos los pájaros al revés y comenzaba a burlarse de ellos. Pronto, todos los pájaros se alejaron del loro, porque un halcón había llegado al bosque.
Era hermoso y muy educado.
Se sentía feliz ayudando a los demás pájaros. Poco a poco, todos los pájaros se alejaron del loro y se hicieron amigos del halcón.
En ese momento, vieron al conejo cargando leña. El cuervo dijo: «¡Hermano halcón! ¿Adónde vas?».
El cuervo respondió: «Hay que reparar el tejado».
El cuervo fue con él a ayudar al halcón. Al ver al cuervo feliz, el rey se sintió satisfecho.
