En un antiguo reino, había un enorme mercado. Comerciantes de todas partes llegaban para vender sus mercancías; reinaba la emoción por doquier, los niños jugaban, la gente compraba y el mercado rebosaba de vida. Un día, un vendedor de miel estaba sentado en su puesto. Entre la multitud de clientes, una sola gota de miel cayó de su tarro al suelo. Pensó: «¡Es solo una gota, ¿a quién le importa?!» Y siguió con su trabajo sin limpiarla.
Unos instantes después, una abeja se posó sobre la miel. Luego, una segunda, una tercera y pronto muchas más abejas se congregaron allí. Cerca de allí, una araña vio la oportunidad y atacó a una abeja. Unos momentos después, un lagarto se acercó y comenzó a atrapar a la araña. La gente observaba la escena con interés, pero nadie le daba importancia a este asunto trivial.
Mientras tanto, un gato se acercó y se abalanzó sobre el lagarto. Al ver esto, un perro corrió tras el gato. El dueño del gato comenzó a golpear al perro furioso, mientras que el dueño del perro acudió en defensa de su animal. Se desató una fuerte discusión entre ambos.
En cuestión de minutos, ambas familias también entraron al campo. El asunto se convirtió en una trifulca, y todo el vecindario se dividió en dos grupos. Se usaron palos, se sacaron espadas, se produjo una estampida en el mercado, las tiendas cerraron, mucha gente resultó herida y finalmente el ejército tuvo que intervenir.
Por la noche, cuando el rey se enteró de todo lo sucedido, se sorprendió de que se hubiera producido semejante caos. Al investigar, descubrió que todo había comenzado con una simple gota de miel que no se limpió a tiempo. El rey dijo con tristeza: «A veces, una pequeña negligencia se convierte en la causa de un gran daño».
Dios Todopoderoso dice en el Sagrado Corán: «Quien haga una buena obra, aunque sea pequeña, la verá; y quien haga una mala obra, aunque sea pequeña, también la verá». (Sura Al-Zalzal: 7-8)
Esta historia nos enseña a no dar por sentados los pequeños errores de la vida. Una palabra desafortunada, una mentira, un chisme, un berrinche o un pequeño descuido pueden tener consecuencias que tardan años en repararse. Del mismo modo, un pequeño gesto de amabilidad, una sonrisa, una palabra amable o incluso una pequeña ayuda pueden cambiar la vida de alguien por completo.
