Un alfarero cocía sus vasijas en el horno todos los días. Un día, dos vasijas, cocidas al mismo tiempo, comenzaron a hablar entre sí. Una se quejaba: «Mira qué caliente estaba el fuego, cuánto dolor tuvimos que soportar, qué cruel es». La otra escuchaba en silencio. Al cabo de un tiempo, ambas vasijas se pusieron a la venta en el mercado. Un cliente golpeó ambas para comprobar el sonido. La vasija que se había endurecido completamente por el calor del fuego emitió un sonido claro y fuerte, mientras que la que estaba medio cocida se agrietó y se rompió. La vasija resistente sirvió durante años para conservar agua fría y grano, embelleciendo los hogares, mientras que la débil pronto acabó en la basura. El alfarero, que observaba todo esto, le dijo a su aprendiz: «En la vasija que puse en el fuego más intenso, confiaba más en que resistiría y se haría más fuerte».
Moraleja: Las dificultades y las pruebas de la vida, en realidad, sirven para fortalecer a una persona y hacerla más útil, no para destruirla. Quien soporta pacientemente el calor, luego demuestra ser fuerte y confiable.
Referencia/Autor: Fábula tradicional oriental, popular en colecciones de fábulas educativas y morales, autor desconocido.
