Un día, una serpiente se deslizó en una acogedora madriguera de conejos. Los conejitos se acurrucaron en un rincón, aterrorizados; jamás habían visto un depredador en su hogar. Pero la serpiente siseó con una voz muy suave y dulce:
“Por favor, no me tengan miedo… Estoy tan sola. No tengo amigos y solo necesito un poco de amor y cariño. Guardo siglos de sabiduría en mi interior y quiero compartirla con ustedes”.
Los conejos se miraron incrédulos, pero luego decidieron darle una oportunidad. Escucharon sus historias, sus fábulas y sus encantadores susurros. Hablaba como un filósofo. Y entonces, de repente, mordió a uno de ellos… y desapareció entre las sombras.
La noche siguiente, regresó.
“No me alejen de ustedes”, suplicó.
«Sabes lo que soy: una serpiente. Me cuesta mucho no morder; está en mi naturaleza. Pero lo intento. Los amigos aceptan los defectos del otro, ¿no?»
El conejo dudó, pero pensó en volver a confiar en ella.
Una vez más, tuvieron largas conversaciones, se contaron historias profundas y se creó un vínculo… y una vez más, ella mordió.
Al tercer día, la entrada a la madriguera estaba bloqueada por una pesada piedra. La serpiente se enroscó alrededor de ella, disculpándose, prometiendo cambiar y suplicando una última oportunidad. Pero el conejo permaneció en silencio tras la piedra.
«¡No hay lugar para pensadores profundos en este mundo!»,
dijo la serpiente con amargura y se deslizó hacia la oscuridad.
Lección:
A veces, las personas venenosas se esconden tras su elocuencia y amabilidad. Pretenden ser «sabias» o «profundas» para llegar a tu corazón, y luego te lastiman una y otra vez.
Recuerda esto: si alguien te lastima repetidamente —aunque parezca sincero, aunque use palabras hermosas y conmovedoras— no lo dejes entrar de nuevo en tu vida. Ser una “buena persona” no significa que debas permitir que el “veneno” de otra persona te pisotee.
De la literatura urdu
