Maleta: Una historia hermosa e instructiva.

Maleta: Una historia hermosa e instructiva.

Un hombre falleció. Al abrir los ojos, vio a Dios acercándose con una vieja maleta en la mano.

Dios dijo suavemente: «Es hora de partir».

El hombre pareció sorprendido. «¿Tan pronto? Tenía tantos planes. Había tantas cosas que quería hacer».

Dios respondió: «Lo siento, pero tu tiempo en la tierra ha terminado».

El hombre miró la maleta. «¿Qué hay dentro?».

«Todo lo que es tuyo».

Preguntó con ojos esperanzados: «¿Mis cosas? ¿Mi ropa, mi casa, mis ahorros?».
Dios sonrió con dulzura. «No. Esas cosas nunca fueron realmente tuyas. Pertenecieron al mundo por un tiempo, y tú solo fuiste su custodio».

«¿Y mis recuerdos?».

«Tampoco fueron tuyos para siempre. Pertenecieron al momento en que fueron creados».

«¿Y mis talentos?».

«Solo fueron responsabilidades que te fueron confiadas por un tiempo».

«¿Mi familia? ¿Mis amigos? ¿La gente que amo?».
Dios respondió con suavidad: «Nunca fueron de tu propiedad. Fueron tus compañeros en este viaje».

«¿Mi cuerpo?».

«Fue prestado de la tierra, y un día tenía que volver a ella».
El hombre permaneció en silencio. Con manos temblorosas, tomó la maleta de la mano de Dios y la abrió lentamente.
Estaba completamente vacía.
Las lágrimas brotaron de sus ojos. «Entonces… ¿nunca tuve nada?».
Dios le puso una mano en el hombro. «Fuiste dueño de cada momento que te fue dado. De cada amanecer que viste. De cada risa que compartiste. De cada abrazo que prolongaste un poco más. De cada acto de bondad y compasión. De cada lección que la vida te enseñó. De cada oportunidad de amar. La vida nunca fue algo a lo que pudieras aferrarte; era algo que tenías que vivir».
El hombre inclinó la cabeza mientras esas palabras calaban hondo.
La vida no se mide por lo que acumulamos, sino por lo que experimentamos. El dinero se queda aquí. El hogar se queda aquí. Los coches, las carreras, los puestos y todo lo material, con el tiempo, pertenecen a alguien más. Lo que perdura es el amor que compartiste, la compasión que mostraste, las vidas que tocaste y los recuerdos que dejaste en el corazón de los demás.

Así que, mientras tengas el día de hoy, no esperes el momento perfecto. Llama a tus seres queridos. Pasa más tiempo con tu familia. Ríe con más libertad. Perdona con más facilidad. Haz ese viaje que has estado posponiendo. Contempla la puesta de sol. Sé generoso. Sé agradecido. Aprende a vivir el presente.

Valora a quienes te valoran y no malgastes tu vida intentando llamar la atención de quienes nunca tienen tiempo para ti.

Porque nada de lo que tenemos dura para siempre. Pero el amor que damos y el que recibimos se convierten en parte de una historia que nunca termina.

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