Un ratón estaba haciendo un agujero en la casa del granjero.
Un día, el ratón vio al granjero y a su esposa sacando algo de una bolsa. El ratón pensó que podría ser algo para comer.
Tras mirar con atención, descubrió que era una ratonera. Temiendo el peligro, fue a la parte trasera de la casa y le contó a la paloma que una ratonera había entrado. La paloma se rió. “¿Qué hice yo?
¿Quién tengo la culpa?”. El ratón, decepcionado, fue a contarle la historia al gallo, quien, bromeando, le dijo: “Hermano, no es mi problema”. Finalmente, el ratón fue a contárselo a la cabra.
Y la cabra se echó a reír a carcajadas. Esa noche, se oyó un ruido en la jaula de la rata, donde había una serpiente venenosa atrapada.
En la oscuridad, la esposa del granjero confundió la cola con la de una rata y la sacó, y la serpiente la mordió. – Naturaleza. Cuando la enfermedad empeoró, el granjero llamó al médico. El médico le aconsejó que le diera sopa de paloma.
* La paloma seguía hirviendo en la olla.
Tras enterarse de la noticia, muchos parientes del granjero fueron a visitarlo. Al día siguiente, sacrificaron un pollo para darle de comer. Pocos días después, la esposa del granjero falleció.
No había comida, salvo una cabra para el funeral y el banquete fúnebre.
¡La rata se había ido muy lejos!
Muy lejos.
Conclusión: Si alguien te cuenta su problema y piensas que no es el tuyo, reflexiona. Todos estamos en peligro. Si un miembro de la sociedad, una clase social, un ciudadano está en peligro, entonces todo el país está en peligro. Piensa más allá de las fronteras de la religión y la clase social.
