Un día, un hombre sobrevivió a un terrible naufragio y llegó a la deriva a una pequeña isla desierta. Era el único superviviente. Día tras día, rezaba a Dios pidiendo su salvación. Cada mañana, se paraba en la orilla y miraba al horizonte, con la esperanza de que algún barco llegara a rescatarlo.
Tras varios días agotadores, recogió trozos de madera que habían llegado del naufragio y construyó una pequeña cabaña. No era muy resistente, pero le daba un lugar donde dormir y algo de protección contra el sol y el viento.
Una tarde, después de buscar comida en la isla, regresó a la orilla, donde se quedó paralizado por la conmoción y el asombro.
Su cabaña estaba envuelta en llamas.
Una espesa columna de humo negro se elevaba hacia el cielo, y todo lo que había logrado salvar se había perdido. Incluso sus pocas pertenencias restantes habían sido consumidas por el fuego.
Desesperado, cayó de rodillas y gritó: «¡Oh, Dios, ¿cómo pudiste permitir que me pasara esto?!»
Esa noche, se durmió con solo arena bajo sus pies y estrellas sobre él.
Pero a la mañana siguiente, lo despertó el sonido de la bocina de un barco. Una embarcación se dirigía hacia la isla.
Cuando los marineros desembarcaron, el hombre preguntó incrédulo: “¿Cómo supieron que estaba aquí?”.
Uno de ellos respondió: “Vimos su señal de humo”.
Lección:
A veces, lo que parece un desastre puede ser precisamente lo que nos lleva a la salvación. La vida puede quitarnos lo que creíamos necesitar, pero aun así logra ofrecernos un camino mejor.
Así que no pierdas la esperanza tan pronto.
Puedes empezar de nuevo a cualquier edad, en cualquier lugar y después de cualquier pérdida.
A veces, el fuego que te rompe el corazón es en realidad la señal que trae ayuda a tu orilla. #ProblemasSociales #Moral #Verdad #Pasión #Vida #Paz #Filosofía
