Combatir la pereza
Había dos hermanos tan perezosos que, si alguien más hubiera tenido que respirar, probablemente no lo habrían hecho. 😅 Una noche, ambos estaban acostados en la misma cama cuando, de repente, el menor sintió sed. Dijo: “¡Hermano, por favor! Dame un vaso de agua de la jarra que está frente a mí, tengo mucha sed.” 🥺 El hermano mayor gritó: “¡Levántate y bebe tú! ¿Por qué me haces sufrir?” 😒 El menor dijo: “¡Hermano…! ¡No puedo levantarme!” 😭 La discusión se prolongó durante un buen rato… Finalmente, el hermano mayor dijo: “¡Hagamos una apuesta! ¡El primero que hable se levanta y me da agua!” Ambos se quedaron en silencio al instante. 🤐 Pasó la noche…🌃 Amaneció…🌅 Cuando llegaron los familiares, los encontraron tendidos, inmóviles. Los sacudió… no se movieron. Gritó… no respondieron. Todos comprendieron… “¡Oigan! ¡Los dos están muertos!” 😱 Empezaron a llorar… Los aldeanos se reunieron… El sudario estaba…
Quién es el verdadero dueño? Una pregunta del rey que reveló la verdad.
Un hombre construyó una hermosa casa con el fruto de su arduo trabajo y años de ahorros. La casa estaba casi terminada cuando un viajero llegó a su puerta. “No tengo dónde quedarme, ¿podría darme cobijo en su casa unos días?” El dueño, con buen corazón, respondió sin dudarlo: “Claro, puede quedarse aquí todo el tiempo que necesite”. Pero este viajero tenía otras intenciones. Inspeccionaba la casa meticulosamente cada día. Contaba cuántas vigas, cuántas tablas del suelo, cuántas hojas había en el tejado, y anotaba todo en un papel para no olvidar nada. Pasó un mes. El dueño sonrió y dijo: “Mi familia regresa, ahora debería buscar otro lugar”. El viajero respondió de inmediato: “¿Por qué debería irme? Esta casa es mía, no puede echarme de mi propia casa”. Al oír esto, el dueño quedó atónito. Ambos acudieron al juez en busca de justicia. El dueño relató todo lo sucedido:…
El burro y el zorro
Era una historia de hace mucho tiempo. Había un vasto bosque gobernado por un rey león. Su reinado era fuerte, pero había bosques por todas partes donde los gobernantes podían atacar en cualquier momento. Por eso, el león siempre mantenía a su ejército preparado. Cuando llegaban noticias de peligro de un bosque vecino, el león llamaba primero a su lobo espía. Le preguntaba: “¿De cuántos miembros es el ejército enemigo? ¿Quién es su líder? ¿Cuál es su mayor fortaleza?”. El lobo le explicaba todo con detalle. Entonces, el león llamaba a sus generales a la corte y les decía: “Envíen al general que necesiten para luchar contra el enemigo”. Si había un bosque de osos frente a él, ponía a un elefante al mando del ejército. Si el reino de los rinocerontes se preparaba para atacar, enviaba un búfalo. Si llegaba un ejército de lobos, llevaba un leopardo al campo…
Justicia y misericordia
Fue hace mucho tiempo. Existían dos reinos vecinos. El rey de uno era famoso por sus conquistas, su valentía sin igual y su ejército invencible, mientras que el rey del otro era conocido por su justicia, misericordia y amor por sus súbditos. Llegó el momento, el poderoso rey atacó con su inmenso ejército. La guerra fue tan repentina que en una sola noche, la mitad del reino enemigo cayó en sus manos. Las fortalezas cayeron, las banderas cambiaron y el ejército victorioso dominó todo.Ahora solo quedaba la otra parte del reino. Pero esta parte era una fortaleza natural. Había altas montañas, profundos barrancos y senderos estrechos por todas partes. Cada atacante debía arriesgar su vida para avanzar. El poderoso rey lanzó varios ataques, pero cada vez tuvo que retroceder. Mientras tanto, el rey derrotado sabía que si esta fortaleza también caía, su reino llegaría a su fin para siempre, pero…
El milagro de la oración silenciosa… una historia interesante e instructiva.
Una noche oscura, una furiosa tormenta convirtió el mar en un infierno. Un gran barco, luchando contra las olas, acabó partiéndose en pedazos. De entre cientos de pasajeros, solo dos desafortunados sobrevivieron. Ambos, exhaustos y con el cuerpo maltrecho, nadaron hasta la orilla de una isla desierta y estéril. El hambre, la sed y la desesperanza los rodeaban. Finalmente, decidieron que su único recurso era rezar a Dios. Pero una pregunta surgió en sus corazones: ¿a quién escucha Dios? Para competir, dividieron la isla en dos partes: una al norte y otra al sur. Ahora la decisión se tomaría mediante la oración. El primer día, ambos alzaron la mano para comer. Al amanecer, un frondoso árbol cargado de frutos creció en la tierra del primero. Comió hasta saciarse. En el otro lado… reinaba el silencio. Ni una brizna de hierba crecía en la tierra del segundo. Solo mordía de hambre.…